Aline Hombravella- Post: Por qué siento tanta culpa y vergüenza?

¿Por qué siento tanta culpa y vergüenza?

A veces la culpa nos desborda y nos hace tratarnos muy mal…

La vergüenza también la podemos experimentar como una gran sensación de vacío en nuestro interior. Ambas emociones secundarias, culpa y vergüenza, serían como la internalización de las voces y de las miradas de los otros respectivamente, de aquellos que nos criaron.

 

La vergüenza, es la primera emoción que aparece en el niño cuando percibe que no es aprobado por su madre

Como es una emoción pre-verbal  (es decir, que aparece antes de que se desarrolle el lenguaje), se siente y se sentirá siempre en el cuerpo. A veces, se sentirá como he comentado anteriormente, como una sensación de vacío.

Generalmente, la culpa cumple la función de hacernos reflexionar, de hacernos parar a pensar qué hemos hecho mal, para no volver a repetir dicha conducta. Es como la voz de nuestra conciencia, se desarrolla cuando ya aparece el lenguaje, a partir de los 4 años aproximadamente. En pequeñas dosis, es adaptativa, nos permite mejorar para adaptarnos al grupo de pertenencia. Pero dicha voz, lo que muchos desconocen es que, viene de la educación que hemos recibido.

 

Culpa y vergüenza, por Aline Hombravella

 

La culpa puede ser sana, pero en exceso, puede convertirse en un bloqueo difícil de gestionar

 

La culpa puede ser sana, si nos ayuda a tomar conciencia del daño que hemos hecho a otra persona y a repararlo. Pero en exceso, puede convertirse en un bloqueo difícil de gestionar.

A veces, cuando hemos crecido en ambientes muy punitivos, la culpa puede haberse convertido en un juez interno que no nos deja vivir. Es como si hubiésemos aprendido, a base de castigos, a castigarnos continuamente. Y este auto-castigador interno, puede llegar a ser tremendamente bloqueante y paralizante para muchas personas.

Por ejemplo si de pequeños, en la relación de apego con nuestros padres ha habido muchos momentos de ruptura de dicha relación, reales o imaginarios (bien sea porque no estaban disponibles, bien sea por pérdida de uno u ambos progenitores, bien sea porque hubo inversión de roles, abusos físicos o emocionales, etc.), seguramente, es posible que nos avergoncemos de nosotros mismos, y estemos llenos de culpabilidad.

 

Hemos crecido con un exceso de autoritarismo

 

Hasta hace apenas una generación, se educaba mucho con el castigo, era prácticamente la única forma de corregir a los hijos conocida de que se disponía. Y es cierto, que el castigo es una forma muy eficaz de poner límites, pero sobre todo, de control. Muchos hemos crecido con un exceso de autoritarismo, y con la creencia de que «la letra con sangre entra». Pero estamos en otro momento vital.

Ha  llegado una nueva generación, en la que muchos padres se machacan a sí mismos, exigiéndose imposibles, mientras que a los hijos no se les pone límites para no «traumatizarles».

La responsabilidad es nuestra, pero, ¿Cómo podemos enseñarles algo que muchos no hemos aprendido?

 

Tan malo es ser excesivamente punitivos, como no poner límites

 

¿Somos «culpables» de no saber hablar un idioma si nadie nos lo ha enseñado? Ante esta pregunta, probablemente todos estemos de acuerdo en que NO, pero cuando la culpa está muy arraigada en nosotros, nos seguimos haciendo responsables de un montón de situaciones que realmente no dependen de nosotros.

Si es así como te sientes, puedo ayudarte,  tenemos que encontrar las causas de tanta autoexigencia, y aprender juntos a desarrollar más la autocompasión.

 

Sin las herramientas apropiadas, la culpa puede desbordarnos sin tregua ni descanso

Así, cuando la culpa me ayuda a reparar un daño, estamos ante una culpa sana. Sin embargo, si sentimos que la culpa nos desborda y no nos da tregua, probablemente, será que no adquirimos herramientas sanas de autorregulación en nuestra infancia por el motivo que sea, y no tenemos de qué avergonzarnos.

Tenemos una nueva oportunidad para sanar viejas heridas, y aprender nuevas formas más sanas y menos bloqueantes de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás. NADIE puede ser culpable de todo lo malo que le sucede alrededor, ningún niño nace «malo».

En estos casos, en que la culpa suele dominar nuestra forma de funcionar, es importante ponerse en buenas manos y conocerla de verdad, para que pueda cumplir su función de reparar, pero sin paralizarnos, sin bloquearnos. En pequeñas dosis digamos, cumple una función adaptativa, de mantenernos vinculados a los demás, pero en grandes dosis, puede destruirnos.

 

Culpa y vergüenza, por Aline Hombravella

¿Cómo sabemos si tenemos demasiada culpa?

Lo sabemos si, por ejemplo, tendemos a mantener relaciones en las que nuestra pareja o amigos nos señalan defectos constantemente y estamos constantemente disculpándonos y sintiéndonos mal. Si hemos tenido una madre o padre excesivamente críticos, también es probable que hayamos interiorizado una parte crítica que nos hace sentir culpables constantemente, si tendemos a hacernos cargo de la responsabilidad de todo lo que sucede alrededor, también es posible que nos esté dominando la culpa, etc.

Os animo a pedir ayuda, si este es vuestro caso, ya que puede llegar a ser muy bloqueadora y habrá que desaprender algunos patrones, y aprender nuevas formas de tratarnos y cuidarnos.

 

¿Sientes culpa y no sabes cómo manejarla? Puedo ayudarte, ponte en contacto conmigo.Aline Hombravella- Experta en terapia EMDR

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